Y otra vez, en este insano vicio de escribir mientras el metro avanza, imparable e impasible, hasta su próximo destino... "El Destino" es una palabra tan grande, tan enorme, tan inconmensurable e inabarcable... pero está ahí. Como una piedra que se lanza a un río y disturba el agua localmente, así son nuestras vidas, y el curso del río es el destino.

No somos libres, nunca lo fuimos y no nos ha hecho falta, nunca. Si las cosas ocurren o no por una razón, no es relevante, lo que verdaderamente importa es ser felices con las cosas que hacemos mientras duremos respirando. Me gusta viajar en metro, ser un desconocido, observar a la gente, sus caras, sus gestos, sus miradas... Puedes encontrar desde alienación a felicidad pasando por el llanto, la tristeza o la vacuidad. Pero lo peor que llevo es ver las caras tristes de la gente. La gente triste me rompe el corazón, me encoge el alma, me carcome y me destruye por dentro. Veo gente con la mirada perdida, los ojos vidriosos, llenos de lágrimas, penas y desdicha, y me contagio... Mis ojos dejan de ver, mis oídos de oír, mis manos y mi voz tiemblan y cuando el tren para y la gente se va, yo sigo ahí, con las emociones absorbidas de otros, intentando liberar mi corazón de las afiladas garras de la desesperación...

Quiénes somos?, de dónde venimos?, hacia dónde vamos?, mi vida merece la pena?, es mi existencia digna?... Preguntas sin respuesta que bajo el auspicio de la banda sonora de camino a la perdición cobran una magnitud elevada. Sé que he hecho cosas mal en mi vida, que he cometido grandes errores, pequeños y medianos, pero también he hecho cosas buenas por y para la gente. Pero es tan duro a veces...

La vida es, sin duda, una gran aventura...