INFORME ESPECIAL DE NICK FURIA
Otro sábado más, otro día que pasa, que nos acerca al día que esperamos. Ocurren cosas mientras todos esos días transcurren, yo por ejemplo me pongo al día con los artículos de Michelle Armand, Linda Nazar, John B. Goodenough (No, no es coña), Jean Marie Tarascon, el señor Delmas y el extraño e impactante señor Yamada, mientras aprendo los fundamentos de la programación estructurada que me ofrece Fortran90.
Pero hay gente que hace más cosas, hay gente que trabaja, que toca música, gente que llora, gente que está lejos de casa, gente que ríe, gente que se prepara para regresar, gente que se va...
Y sólo es un día, un sábado cualquiera, un sábado más al hoyo.
Pero en días como éste no puedo evitar mirar atrás en el tiempo y en el espacio, y recordar. Recordar cómo era todo, cómo solía ser, y sonreír.
Y sonrío, e intento, día a día ser más feliz que el anterior.
Pero en días como éste no puedo evitar que alguna lágrima brote en mi ojo sano, y recordar. Recordar a la gente que ya no está...
Y entender que a medida que los días pasan, nos hacemos más viejunos, y a veces, algo más sabios. Mírame, aquí, en mi cueva, sonriendo y aprendiendo y recordando.
Y sí, podrían ser perfectamente mis palabras, lo que significaría que habría vendido miles de libros y ahora sería millonario, pero no, no son mis palabras. Quizás estas palabras, las mismas que un día me hicieron soñar, vuelvan a cobrar significado en el momento adecuado, pero me parece muy egoísta quedarme con ellas sólo para mí y no compartirlas con el respetable...
"Corren tiempos malos [...] Yo no he conocido otros, pero dicen que antes, hace mucho, existió un mundo diferente, un mundo de honor y de palabra, en el que los caballeros se sentaban juntos a la misma mesa y honraban a su Rey, el gran Arturo. Hoy los reyes son unos cobardes y los caballeros unos miserables. Hoy impera la codicia y las palabras valen tan poco como guisantes podridos. Hoy los lobeznos muerden a los lobos viejos, como han hecho mis hijos, y los ancianos son considerados animales inútiles y enfermos de los que uno debe desembarazarse. Pero yo sé que eso no es así. Yo sé que la vejez es la verdadera etapa épica del hombre, es la edad en la que los guerreros debemos librar nuestra batalla más gloriosa. No hay gesta mayor, no hay mejor proeza que saber envejecer y morir bien. Por eso he vestido mis armas, he cogido mi caballo y me he echado a los caminos. Vivo aquí y allá, retando a otros guerreros y socorriendo a necesitados [...] siguiendo las normas puras de la caballería. Vivo siendo yo mismo y dando lo mejor de mí aunque las fuerzas me vayan menguando cada día. Y seguiré así hasta que llegue mi último combate y muera vestido de hierro y con la espada en la mano, sabiendo que pese a tenerlo todo en contra no flaqueé. Porque es mucho más valiente el caballero que lucha sabiendo que va a ser vencido que quien cree que su vigor puede con todo. La vejez es la edad de la heroicidad, y yo he escogido ser un héroe"
Es curioso, cuando leí estas palabras pensé en Helena, en todo lo que ella luchó con tan pocos medios, en lo fuerte que era, y en lo que podría haber sido... Pero no fue. Sabe Dios que me prometí dedicarle unos minutos TODOS LOS DÍAS DE LA VIDA QUE ME QUEDA, y así lo hago, especialmente cuando veo el Omamori que Nora-Sama compró para ella.
Pero todas estas palabras cobran mucho más significado hoy, precisamente hoy, este sábado que pasa y se va a la eternidad del olvido del tiempo.
Cualquiera podría pensar que estoy triste, en cierto modo lo estoy, incluso estoy llorando, ya lo he dicho antes, pero ya no lloro amargamente, porque cuando salga al balcón a que el gélido aire congele mis lágrimas en mis mejillas, pienso sonreír. Porque he malgastado demasiado tiempo de mi vida en no ser feliz, en quejarme y discutir sobre la vida en vez de VIVIRLA.
Supongo que cuando uno es un héroe tiene que hacer estas cosas, ser fuerte, luchar por los que no pueden hacerlo, y de vez en cuando, dejar que les regalen letras, para alimentarse y hacerse invencible en su sueño.
Porque al final sólo tenemos "el sueño", y a los demás, y eso es lo verdaderamente bonito. Me he dormido demasiado en los laureles, como dicen por ahí, pero ya iban dos textos seguidos, encontrados que me impelían a escribir esto.
"Porque los demás te necesitan. Porque tú puedes hacer mucho. Porque toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes".
Éste es, pues, el sentido de la vida.











yocreoquesi dijo
Seamos pues lo que nos proponemos.
Mil besos.
24 Noviembre 2007 | 08:59 PM